Sentados frente al mar

Voy a salirme un poco de lo que comúnmente escribo para contar algo que me pasó. Hace poco conversando con un chico que ya veníamos en contacto hace varios días, quedamos en vernos. Poco antes no estaba tan seguro pero por esas cosas de la vida dije “va, que pierdes” y decidí en lugar de irme a mi casa verlo en una esquina de Miraflores.

Mi primera impresión de él fue buena. Era bastante simpático y con una apariencia que me atrae mucho en su forma de vestir. Caminamos mientras conversábamos y decidimos ir a comer algo. Primero fuimos por sus cosas donde una amiga suya y terminamos en un restaurante de comida oriental, a capricho mío.

Yo suelo decir estupideces jeje sin razón alguna. A veces en son de broma y a veces en serio. Frases dures de contexto o las que diría un niño de cinco años que juzga toda la realidad que lo rodea intentado entender el mundo. Me pasó con este chico que esta manera de ser afloró en mi y él lo recibía muy bien, siguiéndome el juego y por primera vez en muchos meses me sentí siendo como soy y pasándola bien con alguien.

Luego de cenar me propuso ir a la playa, a un lugar donde él suele ir a pensar y despejarse. Caminamos cuesta abajo por la bajada balas y llegamos a una pequeña bahía entre el restaurante La Rosa Náutica y la cruz que está en chorrillos. Estuvimos sentados en una especie de muro y por el suelo húmedo debajo de nuestros pies pude notar que la marea por momentos alcanzaba esa zona.

De un momento a otro se sacó las zapatillas y me dijo para sentir un poco el mar. Me pareció muy loco. No había hecho nunca eso en los años que estoy por esa zona. Pero me deje llevar. El agua estaba bastante caliente siendo casi medianoche. El mar acariciaba nuestras piernas dejándonos calma. Regresamos al muro y vimos las estrellas detectando constelaciones. Y de cuando en cuando yo soltaba una tontería.

Fue una noche bastante inesperada. Pasé un momento increíble luego de mucho tiempo. Sobretodo porque pude sentirme bien siendo yo mismo y no intentando gustarle a alguien. No sé qué será luego. Tampoco es que esté enamorado. Me gustaría verlo de nuevo si. Y creo que lo haré.

Siendo indetectable una capa de miedo ha caído. Y me agrada poder volver a sentir estas emociones. El VIH no es un impedimento para que puedas volver a vivir tus propias historias y seguir adelante con tu vida.

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